ExtravÃos "H. D."
Francisco Calvo Serraller para Babelia
«Hacer de las iniciales el signo público de su reconocimiento artÃstico puede responder a muchas causas, no sólo psicológicas. Los artistas plásticos, por ejemplo, las han empleado como la más económica forma de estampación de su propia marca. Reconozcamos que esta decisión es más inusual en un poeta, cuya pública celebración casi nunca ha sido condicionada por un éxito mercantil. Tal fue también el caso de la poeta estadounidense Hilda Doolittle (Bethlehem, Pensilvania, 1886-Zúrich, 1961), que aceptó firmar como "H. D." por indicación del que, en su juventud, fue su mentor y prometido, el mismÃsimo Ezra Pound. Como éste y T. S. Eliot, H. D. se instaló en Europa, donde transcurrió las tres cuartas partes de su errática existencia. No obstante, al margen de su carácter tÃmido y retraÃdo y de su aspecto fÃsico bastante intemporal, por no decir que "anticuado", cuando mejor se comprende la reducción de su nombre a las iniciales es al leer la poesÃa de H. D., no sólo por su manifiesta concisión, sino porque adopta el papel de una descifradora de palimpsestos, esos viejos y gastados papiros que superponen la escritura emborronada de la memoria mÃtica.»
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