
A lo largo de 2010 un descubrimiento ha impactado la historiografía literaria reciente. Se trata del hallazgo que el poeta y profesor Agustín Porras ha llevado a cabo de unas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, que como traducciones del francés bajo el seudónimo D. F. de T.(«Don Fulano de Tal») incluyó en la novela Abdallah para la editorial Gaspar y Roig. Toca ahora a los estudiosos certificar los fundamentos del feliz descubrimiento, si bien la cantidad de pruebas aportadas lo hace difícilmente refutable.
Pero la historia no acaba aquí. En la revista El Alambique, que dirige el propio Porras, se están publicando las últimas investigaciones sobre posibles nuevas rimas del autor sevillano. En concreto, en el número I de la citada publicación, el artículo «Camaleónico Bécquer», que firma el profesor madrileño, atribuye al poeta romántico la más que probable autoría de una serie de coplas bajo el seudónimo G. R. M.
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Gustavo Adolfo Bécquer, traductor. El feliz hallazgo de las nuevas rimas Por Agustin Porras

Quienes nos venimos interesando por la vida y obra del gran poeta sevillano siempre supimos que, en ciertas etapas de su vida, Gustavo Adolfo Bécquer trabajó como traductor para la casa editorial Gaspar y Roig. Fue Francisco de la Iglesia, aquel joven amigo que le regaló el libro de cuentas donde hoy a duras penas se conserva el tesoro manuscrito de las Rimas (y vecino suyo en el barrio de las Ventas durante el fatídico 1870) quien se encargó de informarnos al respecto a través del siguiente comentario inserto en su obra Bécquer. Sus retratos (1922): «…Sólo González Bravo conoció desde luego su ingenio, le hizo censor de novelas, para que atendiese a las necesidades de su familia sin la fatiga de las traducciones que hacía para la casa de Gaspar y Roig, le llevó a la intimidad de su familia…»
Dada la estrecha amistad que unía a este autor con los hermanos Bécquer, nadie ha dudado jamás de la veracidad de tal noticia; además, contamos con dos cartas enviadas a aquél por el mismo Gustavo Adolfo, ambas fechadas en Toledo, con pocos días de diferencia entre una y otra. En la primera (18 de julio de 1869), nuestro poeta le ruega el envío urgente «de tres o cuatro duros» hasta tanto le lleguen algunas de las cantidades que le adeudan tanto Valera (por un cuadro de Valeriano) como los editores Gaspar. Por la segunda (24 de julio), en la que Bécquer le agradece a De la Iglesia los cuarenta reales que le envió, sabemos que estaba «como un desesperado, arreglando un libro de viajes para Gaspar».
Mucho se ha hablado de estas misteriosas traducciones becquerianas, pero nunca hasta hoy se habían localizado textos concretos a los que poder atribuirles su autoría. En mi opinión, no queda claro si De la Iglesia se refiere al primer o al segundo período en que ejerció tal cargo, que coincide con los dos años anteriores a la llegada de la Gloriosa; pero, en cualquier caso, debió volver a dicha tarea antes de 1870. Y me baso para ello en el hallazgo de ciertas obras de Eduardo Laboulaye y de Mayne-Reid (ver mi librito La mosca becqueriana, Olifante, Zaragoza, 2009), a partir de las cuales parece que al fin la incógnita va a poder ser resuelta. A veces lo más evidente pasa desapercibido ante nuestros ojos.
Desde hace ya varios años vengo reuniendo y analizando una gran parte de las obras que conforman el fondo de la Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig (fundamentalmente, aquellas que corresponden a los años previos a la muerte de ambos hermanos) con la esperanza de encontrarme con alguna traducida por él; pero una y otra vez volvían a saludarme los ya familiares nombres de Nemesio Fernández Cuesta, A. R. y F. (Antonio Ribot y Fontseré), J. Vicente y Caravantes, Ángel Avilés, Vicente Guimerá, Hermenegildo Giner, entre otros… además de un desconocido Don F. de T.
¡Un momento! ¿Don F. de T.?
Por más consultas que pude hacer en torno a estas enigmáticas iniciales, no encontré jamás ningún escritor contemporáneo a nuestro poeta cuyo nombre y apellido coincidiera con ellas; y sólo ahora, de repente, caigo en la cuenta de que nuestro amigo sevillano, rebelándosenos, post-mortem, a la injustificada fama de taciturno y «desaborío» con que algunos querían presentárnoslo, da aquí evidentes muestras de ser un tipo bastante guasón al esconderse tras esta nueva y desconocida careta. Creo que por fin tenemos, frente a nuestras narices, la solución al ya centenario enigma.
El volumen que contiene Abdallah o El trébol de cuatro hojas (cuento árabe), seguido de Aziz y Aziza (cuento de Las mil y una noches), de Eduardo Laboulaye, es uno de los editados en la Biblioteca ilustrada que aparece traducido por el misterioso Don F. de T. Curiosamente, estos dos títulos del autor francés fueron íntegramente ilustrados por Valeriano Bécquer (dibujos que aparecen, todos ellos, bajo las firmas VB o VDB).
Sabíamos que ambos hermanos convivieron durante el tiempo aproximado de un año (68-69) con sus hijos en Toledo, ya separados de sus respectivas mujeres; y sabíamos también de las dificultades económicas por las que atravesaron (circunstancia que han aprovechado ciertos estudiosos para endosarles la más que dudosa autoría de las caricaturas que componen el ofensivo álbum de acuarelas Los Borbones en pelota). Parece haber llegado ahora el momento de poder afirmar que durante aquel período los dos Bécquer trabajaron muy duramente para la casa Gaspar y Roig. Gustavo Adolfo (que entiendo es quien se oculta bajo el tal Don F. de T.) tradujo, al menos, estas dos obras a las que hago referencia, mientras el gran pintor se veía obligado, por una temporada, a dejar de lado los pinceles y concentrarse en unas no menos magníficas viñetas.
Entusiasmado como estaba yo durante estos últimos años con el hallazgo de las iniciales de Valeriano en los títulos antes citados, he de confesar que hasta la fecha de hoy apenas si me interesé por su adaptación al castellano. Y supongo que lo mismo ha debido ocurrirle a cuantos estudiosos de Bécquer se acercaron a ellos. Pues bien, amigos, todavía tiemblo hoy al informarles de esta sorprendente noticia: no sólo la impecable traducción aparece envuelta en una muy reconocible atmósfera becqueriana, sino que la decena larga de poemas que surgen intermitentemente a lo largo del relato, recreados ahora bajo la estructura de coplas y romances, no son sino ¡nuevas y fabulosas rimas del gran poeta de Sevilla! (noticia que ya adelantó El Diario de Sevilla el pasado 7 de febrero, y dos semanas más tarde el canal Cuatro de televisión).
Aunque se trate de aparentes traducciones es evidente el derroche de creatividad que dejó en ellas Gustavo Adolfo. Inmerso como estaba en aquellas fechas (1868-69) en la reelaboración de las rimas perdidas tras el asalto a la casa del ministro González Bravo (muchas de ellas recogidas más tarde en Libro de los gorriones), éstas de hoy nada tienen que envidiarles. Es muy posible que de estas recreaciones nacieran imágenes que luego pasaran al libro de cuentas, y viceversa. Vean, si no, la presencia de múltiples concordancias textuales:
Ciprés alto y airoso,
flor de corola oscura,
joven de ojos más negros
que la noche sin luna.
¿Ves ese vellón blanco
que leve el aire empuja?
Así pasan los días
para no volver nunca.
___
Menos pronto la rosa
de galas se desnuda;
si llueve, menos pronto
se ve la arena enjuta,
que de la vida pasan
placeres y amarguras
semejantes a un sueño
que concluye en la tumba.
___
¡Tan sólo Dios es grande!
Si quieres que la pluma
de un arcángel escriba
tu vida santa y pura,
de las pasiones huye,
que son mortal cicuta,
y el espíritu alado
remonta a las alturas.
___
El cuerpo es para el alma
prisión triste y oscura,
dichoso el que la rompe
de luz y amor en busca.
Dichoso el que a Dios sube
y en su esplendor se inunda
y confundidos arden
como dos llamas juntas.
___
¿No les parece sorprendente? Pero lo verdaderamente increíble es que la última estrofa de este poema es invención absoluta de Bécquer, ya que el texto original dice:
Le corps n’est qu’un sépulcre ; heureux qui s’en délivre,
Et tout entier s’abîme en l’amour infini !
Vivre en Dieu, c’est mourir ; mourir en Dieu, c’est vivre !
Lo que literalmente traducido vendría a decir: «El cuerpo no es más que un sepulcro: dichoso quien se libera de él / y se hunde entero en el amor infinito! / ¡Vivir en Dios, es morir!; ¡morir en Dios, es vivir!»
Dejo aquí, por ahora, tan sólo una breve muestra de los valiosos eslabones que conforman estas joyas que son Abdallah y Aziz y Aziza:
***
Huyó a la sombra eterna
y con la suya se llevó mi alma!
Huyó: y huyó con ella la alegría
quedándome las lágrimas!
No soy más que un cadáver
que por milagro entre los vivos anda.
Mi vida se apagó como la antorcha
que el huracán apaga!
***
De esa mujer apártate
que si a adorarla llegas
envidiarás la paz de los que duermen
debajo de la tierra!
Su ternura es mentira;
mentira su inocencia!
Su amor es triste sueño del que siempre
llorando se despierta!
***
¡Vi aquel jardín desierto
donde crecen las zarzas!
¡Vi aquellas flores, que no riega nadie,
caer sobre la tumba deshojadas!
Me aproximé a la piedra,
vi la inscripción borrada,
y pregunté a los árboles y al viento:
-¿Quién duerme en esta tumba solitaria?
Me respondió la brisa
agitando las ramas:
-Reposa aquí la que murió en silencio
de un ignorado amor víctima santa.
¿Qué importan al dichoso
amarguras extrañas?
¿Qué importan á los vivos los que mueren
y sus secretos en la tierra guardan?
-¡Abandonadas flores!
exclamé, ¡pobre alma!
¡Aunque os olviden todos, cuando menos
yo rezaré y os regaré con lágrimas!
Tiempo habrá a partir de ahora de abordar un estudio detallado, tanto de la traducción de las novelas como de la magnífica colección de poemas que encierra el volumen (seguramente, una edición «de urgencia», bajo el título de Nuevas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, haya visto ya la luz bajo el sello Olifante cuando este artículo aparezca en la revista Clarín, a cuyo director le agradezco su interés por divulgarlas). La feliz noticia que hoy no admite espera es el rescate de una espléndida recreación a la que no supimos prestar la debida atención y que, como ya digo, parece clara obra del poeta sevillano. Por sorprendente que resulte, su autoría ha pasado desapercibida durante ciento cuarenta años por culpa de esta simpática broma becqueriana que nos ha tenido despistados. ¿Quién iba a pensar que el poeta pudiera haberse ocultado bajo la sobadísima fórmula (en mi opinión) de Don Fulano de Tal? Sé que parece una frivolidad interpretar así las iniciales que Bécquer utiliza, ocurrencia nacida de un improvisado y fácil chiste, pero a veces la intuición ha resultado ser el mejor sistema a la hora de resolver ciertos enigmas.
En cualquier caso, ¿por qué firmaría Bécquer con tales iniciales?, ¿Se avergonzaba Gustavo Adolfo de esta faceta, o le atribuía algún demérito, como cuando en la década anterior ocultaba las adaptaciones de ciertas zarzuelas bajo los «disfraces» de Adolfo García y Adolfo Rodríguez? Es posible también que, tras la revolución de septiembre y la marcha al exilio del gobierno que sustentaba a la reina Isabel II, no fuese especialmente bienvenida en el mundo editorial de esos años convulsos la firma de quien hasta entonces había sido beneficiado por la política del ya entonces huido ministro. Unos inconvenientes que, sin embargo, podrían evitarse fácilmente acudiendo a un simple pseudónimo. No olvidemos que Gustavo Adolfo mantenía desde hacía bastante tiempo una estrecha amistad con estos hermanos propietarios (su socio José Roig falleció en abril de1863) de El Museo Universal, el semanario para el que trabajaba Bécquer y del que fue director en 1866.
Ya dije antes que no son Abdallah y Aziz y Aziza las únicas obras traducidas por el ahora desenmascarado Don F. de T. También vemos su firma en William el grumete (segunda parte de ¡En el mar!, ambas obras pertenecientes a «Las aventuras de mar y tierra», de Mayne-Reid), el relato de un puñado de náufragos con final feliz para sus principales protagonistas. No conozco suficientemente a fondo el arte de Valeriano Bécquer como para otorgarle la autoría de los dibujos que aparecen sin firma alguna en esta fantástica aventura, pero bien pudiera ser. Por otra parte, salvo un par de expresiones impropias en el vocabulario de Gustavo Adolfo («por cima del agua», o «son más poco numerosos»), la odisea oceánica se lee con gran placer, por más que su desenlace sea bastante previsible. No incluye este relato poemas en su estructura, pero descubrimos aquí ciertas expresiones (girón de niebla… miríadas de estrellas… juguete de una ilusión… que habita las ondas…) muy queridas para él, como comprobará quien pueda hacerse con dicha obra. Que sepamos, Bécquer no conocía el inglés, por lo que muy posiblemente realizara su versión a partir de otra traducción francesa.
Por si fuera poco, un título más de Laboulaye, El príncipe perro (éste sí, ilustrado también en su totalidad por Valeriano Bécquer, como descubriera hace años nuestro amigo Jesús Rubio) añade otra pizca más de sal al asunto, al estar traducido esta vez por Don F. de T…y C. Menudo cachondeo se traía nuestro paisano, firmando ahora como ¡Don Fulano de Tal … y Cual! Sin embargo, en esta ocasión (aunque descubrimos imágenes que pudieran serle fácilmente atribuibles, como «corría que se las pelaba» o «apurar el cáliz hasta las heces»), la traducción es en conjunto muy farragosa, y en su lectura tropezamos una y otra vez con múltiples errores ortográficos (se herizan, rebientan, hechar, buos, hazes de paja…) y una reincidente caída en las penosas fórmulas parecidas a las que señalamos al hablar de William el grumete: «la reina se hiciese embarazada, «por cosas de tan poco momento», «lo hojeó por cima», etc. Afortunadamente, esta novela incluye al menos una curiosa rima, que reproduzco aquí:
Con el viento de la noche
desde el fondo de la selva
una voz que canta y llora
hasta mí llega.
Es de mi amante que gime
víctima de una hechicera.
¡Pájaro azul! ¡Tiempo alado!
¡Vuela, vuela!
Le aguardo tan impaciente
que en el cuerpo el alma presa,
por verle romperá el lazo
que la sujeta.
Y entonces si a hallarme torna
será moribunda ó muerta.
¡Pájaro azul! ¡Tiempo alado!
¡Vuela, vuela!
Si al tornar sabes que he muerto
amante mío, no temas,
porque he de oír tus pisadas
bajo la tierra.
Y con pronunciar mi nombre
harás que a la vida vuelva.
¡Pájaro azul! ¡Tiempo alado!
¡Vuela, vuela!
El interés que despierta el resto de la traducción está muy lejos del que nos atrapa al ver el deslumbrante trabajo realizado en Abdallah y Aziz y Aziza. Tiempo habrá a partir de ahora para poder analizar la presencia del falso segundo apellido añadido, pero bien pudiera ser que en este encargo hubiera algún otro colega menos meticuloso (como ocurriera en años anteriores con aquella polémica rúbrica de SEM), o la hubiese realizado con prisas, sabiendo que ya estaba en marcha su ilusionante y último gran proyecto, financiado por Eduardo Gasset y Artime.
No estuvieron, por tanto, los Bécquer tan ociosos aquellos quince meses previos a la puesta en marcha de La Ilustración de Madrid. Parece que ya va siendo hora de refutar los argumentos de quienes (escudándose en una falsa leyenda que los sitúa en Toledo sin oficio ni beneficio alguno) vienen atribuyéndole en exclusiva al poeta unas traiciones y ofensas inexplicables hacia el político que le admiró y protegió en todo momento. Ejemplo máximo de modestia, pocos hubieran mantenido en secreto tal derroche de creación. Nada me alegraría más que poder demostrar con estos felices hallazgos la generosísima pasión con la que siempre, hasta en los momentos más difíciles, se entregó Gustavo Adolfo Bécquer al complejo mundo de la Poesía.
¡Vivan los Bécquer!
Agustín Porrras
En Clarín: Revista de Nueva Literatura, 2010 MAR-ABR; XV (86)


Antecedentes: La mosca bequeriana, Las rimas ´traducidas´ de Bécquer - Diario de Sevilla
La mosca bequeriana
En este volúmen, el investigador de las Nuevas rimas nos explica en forma de romance como, con motivo de la celebración del homenaje a Bécquer que la editorial Olifante celcebró en el seno del VII Festival Internacional de Poesía Moncayo al que fue invitado el día 29 de agosto de 2008, tuvo ocasión de hospedarse durante la última semana de ese mes en la Casa del Poeta de Trasmoz. Allí pasó cinco días inolvidables donde cobró forma este proyecto poético en el que Agustín Porras hace dialogar su pasión por Bécquer y las tierras que el autor de Cartas desde mi celda dignificó con su prosa, con las investigaciones que en paralelo iba llevando a cabo sobre unas posibles traducciones de Bécquer en libros del fondo editorial de Gaspar y Roig. Y como interlocutor, nada menos que una mosca, a la que el autor atribuye la feliz idea de indagar en el fondo de la editorial madrileña conocida en el siglo XIX por la edición de su magnífica Biblioteca ilustrada.
En el siguiente vídeo, grabado durante la presentación en Zaragoza de la Mosca Bequeriana, el 22 de enero de 2010, Agustín Porras nos comenta este periplo literario que está indisolublemente ligado a la consecución del feliz hallazgo de las posibles nuevas rimas de Bécquer.
3.
Al abrir ligeramente los dedos
pude verla. Seguía allí, posada
frente a mí, sobre una roca, observándome.
Inició entonces una extraña danza,
girando sobre sí misma, al compás
del silbido nacido de sus alas.
¿Qué es lo que quieres de mi? pregunté,
temblando, con un nudo en la garganta.
Y, en fin, no sé cómo, pude entenderle
mejor que si utilizase palabras.
«Nunca ha sido mi intención- me explicó-
la de, al perseguirte, que te asustaras;
perdona, pero es la única manera
de poder encontramos cara a cara».
La mía era calcada a la de un muerto.
¡Imagínese usted qué panorama:
un hombre, hecho y derecho, y una mosca
por tierras de Aragón dialogaban!
Pero agárrese, que quiero contarle
de esto su parte más estrafalaria;
la que, según ella, fue la razón
por la que vino a buscarme a mi casa.
Al parecer (no sé cómo) sabía
que yo estaba invitado esta semana
a participar en el homenaje
que al gran poeta andaluz se le daba.
|
Y, al conocer también la admiración
que por su hermano pintor profesaba,
puso especial empeño en conocerme,
ya que (antes de que a Madrid regresara)
quería ofrecerme una información
que poseía, de enorme importancia.
y tras unos segundos en silencio
(supo crear suspense la muchacha)
continuó: "Si aún estás interesado
en catalogar su dispersa obra gráfica
es necesario que, otra vez, a fondo,
consultes la Biblioteca ilustrada
de los editores Gaspar y Roig.
Allí siguen, totalmente ignoradas
de buena parte de sus estudiosos,
cientos de ilustraciones realizadas
por Valeriano al final de su vida,
cuando, por muy diversas circunstancias,
desde el verano del sesenta y ocho
(la gloriosa revolución triunfaba)
los hermanos creyeron conveniente
marcharse a Toledo una temporada.
De Mayne-Reid, Julio Verne, Laboulaye
fueron varias novelas publicadas,
y siempre el gran artista sevillano
de abrir las colecciones se encargaba.»
(…) |
Las rimas ´traducidas´ de Bécquer - Diario de Sevilla
Este fue el primer anuncio a la prensa de las investigaciones. Al mismo le siguieron el artículo ofrecido arriba, publicado en Clarín, la publicación en Olifante de un de Nuevas rimas, y un buen número de artículos de prensa, presentaciones, entrevistas, etc. en lo que puede considerarse uno de los acontecimientos de la historiagrafía literaria reciente de mayor interés.
Puedes leer el artículo pulicado en el Diario de Sevilla,reproducido en su edición digital aquí: http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/625736/las/rimas/traducidas/becquer.html


Las nuevas rimas
He aquí una breve muestra del trabajo realizado atribuído a Bécquer a partir de los poemas de Labnoulaye insertos en su novela Abdallah. Las traducciones literales del francés son de Luís Valdesueiro. Éstas nos permitirán valorar hasta qué punto el autor del Libro de los gorriones pudo recrearse como poeta en estas traducciones.

[Ode d’Hafiz , le Rossignol de Chiraz* ]
Porte ces verres à la ronde,
Enfant, et remplis-les de vin;
Tous les maux dont la vie abonde
Sont guéris par ce jus divin.
Si ton front a déjà des rides,
Si tu crains la longueur des nuits,
Jette dans ces flammes liquides
Tes souvenirs et les ennuis!
Chassez-moi ce buveur morose,
Qui pleure toujours ses vingt ans;
Ces vins, couleur d’ambre et de rose,
Voilà les fleurs et le printemps!
Tout est fané dans nos parterres?
Le rossignol fuit nos berceaux?
Trinquons; le cliquetis des verres
N’est-ce pas le chant des oiseaux?
[Oda de Hafiz] Traducción literal de Luís Valdesueiro
Reparte estas copas, / muchacho, y llénalas de vino; / todos los males en
que la vida abunda / son curados por este jugo divino. / Si tu frente tiene
ya arrugas, / si temes la duración de las noches, / ¡arroja en estas llamas
líquidas / tus recuerdos y las penas! // Ahuyenta a este bebedor taciturno, /
que echa de menos sus veinte años. / Vinos color de ámbar y de rosa, / ¡he
ahí las flores y la primavera! / ¿Todo está marchito en nuestros parterres? /
¿El ruiseñor huye de nuestros emparrados? / Brindemos; el tintineo de las
copas / ¿no es el canto de los pájaros?
[Oda de Hafiz] Versión de G. A. Bécquer
En las tazas de plata
como un rayo de sol chispea el vino.
¡Bebed! Él cura lo que nadie cura:
los males del espíritu.
¿Surca el dolor tu frente?
¿Temes las noches largas como siglos?
¡Pues apura tu taza y bebe en ella
el sueño y el olvido!
* El Ruiseñor de Siraz llaman al poeta persa Hafiz.

[La tombe d’Aziza ]
J’ai vu ce jardin délaissé
Ces fleurs que personne n’arrose,
Et j’ai crié: «Qui donc repose
Sous ce tombeau morne et glacé?»
Et la terre a dit: «Patience!
Respecte en son dernier séjour,
Celle qui mourut en silence
Sainte victime de l’amour.
Qu’importe aux heureux ceux qui pleurent!
Qu’importe aux vivants ceux qui meurent!»
J’ai dit: «Pauvre âme, pauvres fleurs,
Que le monde entier vous oublie;
Je suis là du moins, et je prie
En vous arrosant de mes pleurs!»
[La tumba de Aziza] Traducción literal de Luís Valdesueiro
Vi ese jardín abandonado, / esas flores que nadie riega, / y clamé: «¿Quién
descansa / en esta tumba lúgubre y gélida?» / Y la tierra dijo: «¡Paciencia!
/ Respeta en su última morada / a la que murió en silencio / víctima santa
del amor. / ¡Qué importan a los dichosos los que lloran! / ¡Qué importan a
los vivos los que mueren!» / Yo dije: «Pobre alma, pobres flores, / que el
mundo entero os olvida; / ¡al menos yo estoy aquí, y rezo / regándoos con
mis lágrimas!»
[La tumba de Aziza] Versión de G. A. Bécquer
¡Vi aquel jardín desierto
donde crecen las zarzas!
¡Vi aquellas flores, que no riega nadie,
caer sobre la tumba deshojadas!
Me aproximé a la piedra,
vi la inscripción borrada,
y pregunté a los árboles y al viento:
−¿Quién duerme en esta tumba solitaria?
Me respondió la brisa
agitando las ramas:
−«Reposa aquí la que murió en silencio
de un ignorado amor víctima santa.
¿Qué importan al dichoso
amarguras extrañas?
¿Qué importan a los vivos los que mueren
y sus secretos en la tierra guardan?
−¡Abandonadas flores!,
exclamé, ¡pobre alma!
¡Aunque os olviden todos, cuando menos
yo rezaré y os regaré con lágrimas!


Repercusión
Del hallazgo se han hecho eco muchos medios de comunicación. Asimismo, numerosas presentaciones, conferencias y entrevistas han tenido lugar con este motivo.
A los articulos ya recogidos del Diario de Sevilla, Clarín y Moncayo TV, añadimos aquí algunas de las atenciones más significativas que ha merecido.
Noticia en TeleMadrid
Noticia en Cuatro
Arículo en ABC: Nuevas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, «don Fulano de Tal»
Presentación para la prensa en la Diputación de Zaragoza
Presentación en el museo Romántico en Madrid
Presentación en el Centro Andaluz de las Letras



Agustín Porras
Nació en Antequera (Málaga) en 1957. Buen aficionado al mundo de la poesía (dirigió, entre otras, las revistas Poesía, por ejemplo, La primera piedra y El invisible anillo), en la actualidad dirije El Alambique. Es autor de una pequeña biografía de Gustavo Adolfo Bécquer (Ed. Eneida, Madrid, 2006) y de la antología Cuatro gatos. Otras voces fundamentales en y para la poesía española del siglo XXI (Huerga y Fierro editores, 2009), un acercamiento a la obra poética de Ángel Guinda, Javier Salvago, Lorenzo Martín del Burgo y María Antonia Ortega. Como poeta, ha publicado el libro Ojalá (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2006) y el simpático romance La mosca becqueriana (Olifante, Col. Papeles de Trasmoz, 2009). Recientemente ha praparado y prologado para Reino de Cordella la edición de la novela Abdallah de Édoudard Laboulaye, traducida e ilustrada por Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer, respectivamente.
aguporest@ono.com
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