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La importancia de la temática en la poesía infantil
por Ignacio Rodríguez
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En la poesía infantil la temática es algo a tener muy en cuenta a la hora de captar el interés del pequeño. Actualmente, el horizonte se va abriendo con nuevas y atrevidas propuestas, las cuales, no siempre son acertadas; pero tampoco vamos a negarles, al menos, la valentía de arriesgarse en la búsqueda de nuevas vías para atraer a los niños al fascinante mundo de las palabras.

Es curioso que, la mayoría de las veces, estas propuestas buscan la vía más complicada para lograr el éxito de sus publicaciones, cuando lo más sencillo sería preguntar directamente al público al que va dirigido cuáles son sus gustos.

Cierto que por sexos hay ciertas diferencias. Diferencias que aunque puedan parecer sexistas, u odiosos estereotipos, no por ello dejan de ser una realidad fácilmente demostrable si uno tiene la posibilidad de encontrarse con un nutrido grupo de alumnos y se interesa por averiguar lo que nos ocupa.

Si hiciésemos esto, veríamos que las niñas suelen decantarse más por los poemas sobre princesas, la naturaleza, la amistad…; y los niños por la acción, el deporte y el terror. Luego por supuesto habrá temas en los que se mantendrá una cierta paridad.

Por suerte para nosotros, esas coincidencias entre sexos pueden ser de una gran ayuda a la hora de escoger un poema.

El máximo exponente de esa paridad es el humor. A todos, y aquí no hay excepciones, les gusta soltar una carcajada de vez en cuando, y el uso de lo cotidiano suele ser lo más sencillo para lograrlo. Quizás, más que cotidiano, sea más correcto decir: situaciones que han vivido. Un poema en el que puedan ver reflejado algo que les ha ocurrido a ellos. Como en el siguiente poema en el que se habla del mal tiempo que ha hecho este curso.

 

Hoy otra vez no he salido al recreo.
¡Cuarto día seguido, es que no me lo creo!
¿Cuánto va a durar este tiempo de caca?
Para mi estar en clase es una auténtica lata.
El lunes nos hizo un tiempo endiablado,
el martes, en cambio, es que había nevado.
Ayer parecía que usaban mangueras
y el granizo de hoy es que ha sido la pera.
Esta está siendo una semana horrorosa,
por lo que al hombre del tiempo le pido una cosa:
«Que mañana haga sol y también calorcito
pues necesito jugar en el patio un poquito».

                                  Ignacio Rodríguez Díaz

 

En este poema se ha usado el sentido del humor, y un poco de «canción protesta», para dar a conocer algo que les afecta y preocupa directamente. En esta ocasión ha sido el tiempo. Ese tiempo que a veces puede ser tan «injusto» y no les deja salir al patio en toda la semana.

A los niños les afecta mucho su propia situación personal. Por eso la poesía puede ser una manera perfecta de rebelarse o de levantar la voz ante algo que les parece injusto o con lo que están en desacuerdo. Actualmente en narrativa está teniendo un éxito devastador un libro muy poco recomendable (El Diario de Greg). Y precisamente por esta misma razón, porque denuncia cosas que les pasa  a los chavales en el colegio y que al parecer les traen sin cuidado a los adultos. Por supuesto no recomiendo a nadie comprar este libro, pero sí que lo tengan en cuenta a la hora de ir a una librería. Porque en el fondo, los niños llevan una incipiente rebeldía que aflorará «salvajemente» en la adolescencia.

Por eso los temas que pueden ser tomados como personales y en los que pueden quejarse de algo que les afecta directamente les llamarán más la atención. Si nos encontramos ante un poema como… 

Es la princesa tan bella
que verla casi hace daño,
pero tiene un gran problema:
es que no puede ir al baño.
Por mucho que ella lo intente
no logra que pueda salir
eso que tanto la oprime
y no la permite vivir.
Ha probado toda clase
de remedios y brebajes,
y ninguno ha conseguido
que lo que ha de bajar baje.
El rey ya muy preocupado
dice que cubrirá de oro
a quien sea capaz de hacer
que ella use el inodoro.
Más no encuentran solución
a tan enorme problema,
ni siquiera los más sabios
pueden quitarle su pena.
En esto llega a palacio
un frutero del lugar,
dice que donde otros fallan
el conseguirá triunfar.
Todos se burlan y ríen
aunque eso a él no le importa
porque sabe que con fruta
la dolencia será corta.
La princesa diligente
hace lo recomendado,
toma tres frutas al día
y, al segundo, ella ha sanado
¡Madre mía1, la alegría
corre a lo largo del reino.
¡La princesa se ha curado
su vida no es ya un infierno!
El rey cumple su palabra
y vuelve rico al buen frutero,
haciéndole, quizás el más,
famoso del mundo entero
.

 

Poema: Ignacio Rodríguez. Ilustración: Ignacio Rodríguez y Antonio Cordero

   

Observaremos que llama más esa atención a las niñas que a los niños, aunque haya alguno que pueda ser también estreñido.

¿Por qué?

Pues porque los más pequeños empatizan rápidamente con el personaje de una historia (algo mucho más frecuente en el sexo femenino, ya que en el masculino suele ser más frío ante las dolencias ajenas). Como decía, los niños necesitan poder identificarse con el protagonista de la historia. Y aunque todos hemos tenido problemas alguna vez para ir a al baño, este poema es más apreciado entre las niñas. Es fácilmente comprensible entender que sea así. Entender que a un niño le cueste mucho, pero realmente mucho, ponerse en la piel de una princesa. Quizás cambiando el sexo del protagonista la cosa mejore, pero la temática no es tampoco la más adecuada si se pretende llamar la atención de un niño.

El niño y la niña buscan patrones de conducta, y dependiendo de su sexo tomará unos y se olvidará de otros. En el mundo infantil es tan importante el fondo como la forma. En este poema los niños pueden estar de acuerdo con el fondo, pero la forma de protestar no es la que ellos elegirían como primera opción; seguramente un valiente cazador de dragones con problemas de tránsito intestinal les convencería más. Todavía no son lo suficientemente maduros como para comprender que la princesa es, en este caso, menos importante que su sufrida dolencia.

Esto me trae a la memoria como una vez un niño me dijo que lo que realmente le gusta de un poema (también se puede trasladar al ámbito de la narrativa) es que por la noche, en esos pocos minutos que está despierto antes de que le venza el sueño, le gusta soñar despierto que él es el protagonista de lo que acaba de leer. Se ve siendo un caballero, un superhéroe… Le gusta vivir en la seguridad de su cama una aventura en la que él mismo decide cómo ha de empezar y cómo ha de terminar. En el fondo lo que buscan son propuestas con las que poder soñar, tanto por el día como por la noche. Están faltos de sueños que vivir por ellos mismos.

Claro que por esa misma razón tendremos que tener cuidado con los poemas que escogemos. Hay que esforzarse porque sean adecuados por edades y, a ser posibles, educativos. Por eso con los de miedo hay que poner especial atención. No es una gran idea recitarles antes de irse a dormir un poema como el siguiente si queremos que no nos despierte a media noche y amanezcamos con el cuello dislocado por haber dormido medio doblados a los pies de su cama. Seguro que  a lo largo del día hay una ocasión mejor para leerlo.

En mi pueblo siempre dicen
que debes ser obediente,
o si no el hombre del saco
hará de ti su sirviente.
Suele venir por las noches
sin hacer el menor ruido,
para cuando te das cuenta
en su saco te ha metido.
Una vez te haya encerrado
en su oscura y fría cueva,
tendrás que limpiarlo todo
hasta el día en que te mueras.
Y más vale no te oiga
 tan siquiera rechistar,
porque entonces con su vara
muchas veces te ha de dar.
Las lágrimas no lograrán
ablandarle el corazón.
Tus lloros le suenan a él
igual que una dulce canción.
Así que si vas a ser malo
piénsatelo mejor ,

no sea que el hombre del saco
te haga pagar el error
.

 

Poema e ilustración: Ignacio Rodríguez

 

Los miedos infantiles deben ser tenidos en cuenta por el bien de nuestra salud, si queremos dormir de un tirón por las noches y no ser desvelados a eso de las tres de la madrugada con gritos de pánico. Conozco el caso de un niño que se despertaba con frecuencia por las noches entre sollozos porque una lechuga gigante (con la misma cara que la que le hacían comer en el colegio) le perseguía por el pasillo de casa hasta su habitación. Si cerramos los ojos y nos imaginamos la escena comprobaremos que es realmente terrorífica.

Pero no por ello debemos desterrar de nuestras estanterías las historias de miedo. También tienen un lado positivo. El lado positivo del miedo es que podemos ayudarnos de él para transmitir una enseñanza que les libre de algún posible peligro, que es por lo que realmente se han contado a lo largo del tiempo este tipo de historias. Para que ese miedo les mantuviera en guardia. Por supuesto que no queremos hacer que sean miedosos, pero sí que conozcan los peligros que pueden surgir diariamente. Eso les hará madurar. Hacerles saber que el verdadero valor no es desconocer lo que significa el miedo sino más bien poder superar ese miedo. En la literatura clásica se han ayudado de él casi constantemente. En numerosos cuentos clásicos existe algún personaje que representa esos miedos y esos peligros que pueblan el mundo infantil. Por supuesto no tienen porqué ser historias en las que predomine el terror. Por ejemplo, Caperucita debe estar en guardia a los posibles lobos que pueblan el mundo; Pinocho, a las malas influencias, mucho más peligrosas que las mentiras; y así podríamos seguir.

En el siguiente poema sí se utiliza el miedo para enseñar lo importante que es hacer caso a mamá y a papá cuando dicen que no acepten nada de un extraño. 

 



Es la bruja más malvada
que jamás haya existido.
Da a los niños golosinas
para dejarlos dormidos.

Los encierra en una jaula
como si fuesen corderos;
no quiere que se le escapen
antes de ir al puchero.

Pero primero los ceba,
los quiere bien rellenitos.
Sabe que los más tiernos
suelen ser los más gorditos.

Yo no suelo dar consejos
pero hoy lo voy a hacer:
«Sólo coge golosinas
de quien puedas conocer».

.

                                  Poema: Ignacio Rodríguez. Ilustración: Ignacio Rodríguez y Antonio Cordero.

 

En este poema nos hemos ayudado de un cuento clásico, el de Hansel y Gretel, para advertir de un peligro que los mayores nos hartamos de repetir a nuestros hijos, alumnos, sobrinos, etc.

Como hemos podido ver, la temática es extensa y complicada. Y como es tan complicado acertar, pues el gusto no es una ciencia exacta, lo más recomendable es terminar diciendo lo que al principio ya dijimos; que lo mejor es preguntar al niño o niña en cuestión, porque si preguntando se llega a Roma, a un buen poema… está chupado.

 

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