Temo que no nos libramos de Dios, porque creemos todavía en la gramática - Friedrich Nietzsche



buscador números anteriores
el banquete
En torno a la creatividad
Por Javier Cumpa
Comparte esta página de IbiOculus


El seductor, René Magritte
FUENTE: http://www.estudiomar.org.es/La%20PinacotecaII.html

 

«Argumentar a favor de la poesía sin razonamientos es», a juicio del filósofo Javier Cumpa, «un fracaso sofisticado». Semejantes puzzles preliminares dentro del corazón mismo de la deconstrucción es una de las razones por las que nos propone no una deconstrucción, sino una reconstrucción de la poesía, de los versos y la creatividad en general.

Para orientarnos en este itinerario Javier Cumpa reúne, organiza, prologa y completa algunos de sus textos sobre investigación sobre el verso poético y la creatividad artística en general, publicados en la gaceta literaria universitaria complutense, Mephisto.


Extractos de artículos de Estética: En torno a la creatividad

A modo de introducción

¿Qué es el arte? es una pregunta común. Su respuesta, sin embargo, a menudo no lo es por diversas razones. Pues no es claro si la tarea de responderla corresponde propiamente al artista, al teórico del arte, al historiador, al filósofo, o más bien a la opinión ordinaria o no técnica. Pero esto no es todo. Puesto que hay diferentes edades del arte, escuelas asimétricas, siglos impares, distintas corrientes filosóficas, e innumerables Weltanschauungen, casi nunca lo logrado por una generación es conmensurable con lo logrado por otra. Así, por ejemplo, el planteamiento ontológico de Platón y la tradición griega es rechazado por la epistemologización de Baumgarten, Kant y sus seguidores, y tanto la primera como la segunda postura constituyen el ángulo de ataque de gran parte de la estética contemporánea.

 
Afectos: una reconstrucción (en Mephisto Vol. V, 2009, p. 6)

Para aludir a los afectos, algunos filósofos hablan sobre «categorías» abstractas; otros sobre «individuos» concretos; y todavía otros sobre «textos» (es irónico que el intento supremo por refutar estos planteamientos haya caído presa de la «cuestión realismo-nominalismo»). Yo hablaré simplemente sobre «afectos». Pero no como «datos sensibles». Entender un afecto de amor como una «impresión sensorial» me parece cometer el mismo error que concebir un poema como un «silogismo» o un verso como una «proposición categórica». Señalar esto fue la tarea de mi «Eidética de la Afectividad» (Mephisto, Vol. IV, p. 11). Menciono este hecho porque he sido malentendido y criticado. Con respecto a lo primero, se ha interpretado que el ámbito de los afectos distinguido en mi «Eidética» (EA) era realmente el de los trascendentales escolásticos; respecto de lo último, que mi concepción sobre los afectos (A) es una metafísica. Mi respuesta a ellos es la misma: Mi (EA) ÿ (A). ¿Por qué, entonces, ellos podrían preguntarme, hablas sobre metafísica para referirte a los afectos? Permítaseme explicarme.

Una metafísica, ontología general, eidética, o semejantes variedades literarias es, a mi parecer, requerida en defensa de la poesía o cualquier «Weltanschauung» en un aspecto principal, a saber, frente al reduccionismo. Las reducciones son usuales no sólo en ciencia, sino también en la vida no técnica. Y a menudo las actividades técnicas y no técnicas luchan entre sí por conquistar ciertas piezas de la realidad humana. En este sentido, se necesita un estudio general, en primer lugar, para distinguir estos matices del telón de fondo de la vida. Esto podría prevenirnos de lo que llamé en mi (EA) «confundir las cuestiones». Y una investigación tal, en segundo lugar, es necesaria para dar sentido de esta discusión multidisciplinaria. Pues en nuestro tiempo, este diálogo no ha sido siempre posible debido a razones frívolas. Especialmente, leit motives metodológicos han estado involucrados. Un físico, por ejemplo, no discute con un metafísico o un fenomenólogo porque él piensa que el materialismo se sobrepone a sus ideas de causalidad y de fenómeno. Otro caso en concreto, todavía más importante, ha sido tradicionalmente el de la poesía. Un físico, un metafísico o un fenomenólogo no se disputan con un poeta la estructura del mundo porque él no tiene siquiera un lenguaje conmensurable con el de ellos —sus sentencias, ellos podrían argüir, son material y formalmente sinsentidos. De esta manera, las discusiones han sido habitualmente remplazadas por reducciones. Mi propósito en este escrito es considerar la posibilidad de una reconstrucción del lenguaje de los afectos en un estilo Ideal para defender un cosmos propio de la poesía en contra de las reducciones tanto científicas como poéticas y literarias en general. La semántica de mi corazón, por tanto, esta noche cae en manos de un lenguaje extranjero: quizás, la «jerga Ideal» de la ciencia eternamente soñada por el corazón.

Es común en la tradición deconstructivista pensar que una nueva lógica, una diferente de la aristotélica o la simbólica de la ciencia contemporánea, debe gobernar los debates filosóficos, estéticos, poéticos, etc. Yo asumo aquí que las lógicas y lenguajes de la metafísica, aritmética, teoría de conjuntos, física, etc., no tienen nada que ver con la poesía. Las formas del conocimiento no son, por así decir, las formas de los afectos, el arte, etc. Yo comparto esta obviedad con el deconstructivista. Ahora bien, como veremos, él en realidad lo comparte sólo parcialmente. Digo «parcialmente» porque me parece que él sólo substituye ciertos métodos filosóficos por otro, la deconstrucción. Y naturalmente, esto no implica una eliminación del razonamiento. El deconstructivista podría alegar que ello conlleva justamente un cambio de las usuales formas de razonamiento. Es a propósito de esta afirmación que mi concepción difiere de la del deconstructivista. Pues yo no puedo siquiera esperar entender a alguien en una conversación casual a menos que asuma que él está empleando, al menos implícitamente, razonamientos válidos (en virtud de formas lógicas). Teóricamente hablando, yo no puedo entender un planteamiento tal a menos que asuma que me está engañando, ya que está arguyendo a favor de algo. La gente corriente y los profesionales con frecuencia descubren este hecho cuando al terminar de leer un libro difícil preguntan en voz baja al autor: ¿Por qué no has escrito el libro más bien en un estilo entendible?. En otras palabras, el supuestamente nuevo tipo de argumentación deconstructivista podría ser parafraseado por formas ordinarias de razonamiento. Por consiguiente, tal punto de vista no está más cerca del arte, los afectos, etc. Estética y elegantemente, naturalmente, lo está. Pero argüir a favor de la poesía sin razonamientos es, a mi juicio, sólo un fracaso sofisticado. Semejantes puzzles preliminares dentro del corazón mismo de la deconstrucción son las razones por las que propongo no una deconstrucción, sino más bien una reconstrucción de la poesía, en particular, de los versos.



El dominio de Arnheim
(1949), René Magritte
FUENTE: http://personal.telefonica.terra.es/web/jack/magritte/arnhe.htm

 

«Pienso, pero no siento con palabras, viz., geométricamente». Este es el eslogan de mi concepción sobre la poesía. Poéticamente, tengo afectos. Sin embargo, ellos, en circunstancias como a las que nos hemos estado refiriendo, no pueden defenderse por sí mismos. Como dije, no involucran formas del conocimiento. Y esto teóricamente hablando quiere decir (a) que un verso según su forma no es ni debatible inferencialmente ni determinable sintácticamente a priori. De ser así, un verso podría ser inválido (mal formado) y establecido (pre-decido) a priori dado un conjunto de versos o partes de versos (afectos); y (b) que un verso según su contenido no es ni verdadero ni falso. De lo contrario, podríamos obtener el incómodo resultado de que un verso sería refutable (ciertamente, los versos representan hechos existenciales, pero los ingredientes biográficos de estos peculiares «observadores» los ubican más allá de la dialéctica). Estas son las formas teóricas de tener sentimientos. ¿Cómo, no obstante, podrías preguntarme, es posible? No es ningún misterio. Es el momento para un ejercicio conjunto de (EA) y (A).

Considérese el siguiente inventario: (1) «Un conjunto dado de versos es un terceto, cuarteto, etc. »; (2) «Un verso trata de la naturaleza de las cosas»; (3) «Un verso es un juicio a priori»; (4) «Un verso es una ristra de símbolos»; (5) «La marca de un verso es su lírica»; (6) «Un verso es una entidad lingüística universal»; (7) «Los afectos son del reino del caos»; (8) «7 + 5 = 12»; (9) «A = B ÿ (x) (x ÿ A ÿ x ÿ B) »; (10) «La noche vuelve al corazón». Es claro que (1), (2), (3), (4), (5), (6) y (7) no son versos, sino más bien teorías del verso. Sólo (10) es, diríamos, un verso. (8) es una relación aritmética y (9) un principio de teoría de conjuntos. Tan elegantemente como la métrica clásica, Gadamer, Pessoa, Cummings, Heidegger, ciertos ontológos, y Deleuze, yo entenderé la mismidad de lo que puede llegar a ser un verso como un complejo de diferentes variables unidas o no (11): «x … x». Naturalmente, «x … x» no debe confundirse con un verso. Esto habla sobre la extensión de dominios de los versos y sus componentes. Aproximadamente, «…» indica esta ambigüedad en la forma del verso; «xv», la ambigüedad de sus posibles contenidos. Los afectos y sus conexiones no se restringen a ninguna figura particular de sentimiento: no hay formas genuinas del sentir. Los términos «unido» y «no-unido» se refieren al carácter judicativo de los versos en el sentido de que los afectos lleguen o no a estar unidos (aunque excepcional de, afectos simples representados gramaticalmente por una sola palabra pueden constituir aserciones). Esta propiedad aseverativa señala la necesaria relación de comprensión entre el poeta y sus versos.

Así, puedes primeramente preguntarte con respecto a (10): ¿Lo siento gramaticalmente? ¿Trata de la esencia de las cosas? ¿Es una síntesis entre datos sensibles y conceptos a priori? ¿Es una ristra de símbolos? ¿Se distingue por su entonación lírica? ¿Es lingüístico y universal? ¿Es una entidad caótica? ¿Se puede inferir? ¿Es idéntico a otro conjunto de sentimientos? En segundo lugar, puedes tomar la siguiente pieza interrogativa: «¿No es () una concepción restringida respecto de ()?». Y entonces puedes incluir intercambiadamente dentro de los dos paréntesis los números de las diferentes teorías del verso que hemos considerado y responderte tú mismo.

 
Poética: metafísica, reducción y traducción. Crítica del positivismo lógico (inédito)

¿Por qué hablar de «metafísica», «reducción», y «creatividad» conjuntamente? ¿Tienen algo que ver? ¿No se ha mostrado ya por diferentes pensadores que estas cosas no tienen nada que ver entre sí? Sí y no. Pero una respuesta de este tipo requiere, naturalmente, alguna explicación. Permítaseme justificarme.

Como he tratado de argumentar en otros lugares (Extractos II y III) una metafísica podría sernos bastante útil para distinguir matices entre los ámbitos de la ontología, epistemología, lógica y estética. Esta metafísica se debe entender aquí exclusivamente como una visión a cerca de la reducción, y contra ella. Podría ayudar a darnos cuenta de que no hay nada en común entre las formas del Ser, las del Conocimiento, las de la Sintaxis, y las de la Creatividad. Pero esto no es todo en absoluto.

En línea con la separación que nos puede permitir hacer, una metafísica también nos puede ayudar a evitar reducciones tanto científicas como literarias. Mediante ella podríamos, por poner un caso, desafiar la posición positivista según la cual, por ejemplo, los versos poéticos son «enunciados mal-formados» o «sinsentidos». Podríamos preguntar: Si un verso carece de una forma lógica ¿tendría que ser un sinsentido? o también ¿podría un verso tener una cierta «forma lógica»? Podemos ver la obvia petición de principio que hace en este punto el positivista. Como hemos visto antes, las «formas de la creatividad» (del sentimiento) no tienen nada que ver con las «formas del conocimiento» tomado en ningún sentido. La crítica del positivista descansa en la terrible pretensión de querer ver una figura silogística en las líneas que componen el poema, lo cual, naturalmente, no es más que un absurdo. En ocasiones como éstas, un absurdo es lo que llamé en otros lugares (Extractos II y III) «confundir las cuestiones» o como algunos positivistas mismos lo llaman: «incurrir en type-mistakes»: confundir la «forma» de un verso la «forma» de una proposición categórica –como si un verso pudiera llegar a estar «ill-formed» por el deseo positivista de que todos los enunciados deben tener una forma lógica. Es obvia la confusión positivista.

En este punto, mediante una metafísica como teoría de la reducción podríamos incluso «explicar» al positivista (en un sentido especial de explicar y un correlativo también especial de «comprender») el verso sin necesidad, como él parece imponer aversívamente, de tener que parafrasearlo por «formas lógicas» –naturalmente, sólo después de haberle puesto delante de sus ojos que no sólo hay una forma del lenguaje, que la «forma de la expresión» no es unívoca. Esta es la libertad creativa (digamos, poética). Y lo mismo valdría con las reducciones de tipo literario. Quizá la diferencia «formal» que hemos estado comentando entre la significación de los lenguajes poético y lógico podría arrojar algo de luz en torno al debate sobre el eterno problema de la intraducibilidad del lenguaje poético. ¿Con qué formas debemos intentar comprenderlo y, por consiguiente, con cuáles debemos traducirlo?

contacto
www.ibioculus.com | © 2008