- Historias de la fatal ocasión, Carmen Busmayor (Calambur, Madrid, 2008) - Los niños interiores, Pilar Paz Pasamar (Calambur, Madrid, 2008) - Occidente, Jun Carlos Gea (Trea, Gijón, 2008) - Poesía reunida, William Faulkner (Bartleby, Madrid, 2008) - Retrato de los meidosems, Henri Michaux (Valencia, Pre-Textos, 2008) - Tiempos y materiales, Robert Hass (Bartleby, Madrid, 2008)
 Historias de la fatal ocasión, Carmen Busmayor (Calambur, Madrid, 2008)
«La fatal ocasión» Manuel Garrido Palacios en su Blog
«“Nadie ama la poesía como un ruso”, dice Pasternak en Zhivago. Siempre se exagera un poco en cuestiones que se nutren de la pasión, misteriosa estancia que, a pleno oleaje o en playa serena, nunca falta donde habita el latido. Definir la poesía es otro cantar. Podría ser conectar con la belleza a través de cualquier sentido más allá de la palabra. Valga un silencio. Lo cierto es que el camino que venimos recorriendo para acceder a la poesía es el del verso, dicho, cantado o escrito, forma literaria que parece acaparar la intención del término, a pesar de ser tan amplio el horizonte abierto. Así las cosas, me hago con el libro de poemas “Historias de la fatal ocasión”, de Carmen Busmayor (León 1952), premiada varias veces por su obra poética, obra en la que la autora, Doctora en Filología Hispánica, reflexiona sobre el siempre nebuloso “adiós”, esta vez, “de relevantes escritores suicidas”.»
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Los niños interiores, Pilar Paz Pasamar (Calambur, Madrid, 2008)
«Preludios de la eternidad» Luis García Jambrina para ABCD No localizamos la crítica en formato digital por lo que la trasncribimos a continuación
«Me apresuro a decirlo. Con Los niños interiores, Pilar Paz Pasamar (Jerez de la Frontera, 1933) culmina y corona, de forma ejemplar, una trayectoria poética marcada por la fidelidad a la memoria, a la celebración de la vida y a la búsqueda de la divinidad. Su primer libro,Mara, publicado a una edad muiy temprena, en 1951, y prologado por Carmen Conde, suscitó elogios de Juan Ramón Jiménez. Con el siguiente, Los buenos días (1954), obtuvo un accésit del Premio Adonais. Después vinieron Ablativo amor (1955), Del abreviado mar (1957), La soledad contigo (1960), Violencia nmóvil (1963), La torre de Babel y otros asuntos (1982, tras un largo periodo de silencio), Textos lapidarios: La dama de Cádiz (1990), Philomena (1994) y Sophía (2003). Bajo el significativo título de El río que no cesa, nos ofreció no hace mucho una antología esencial de su obra, con un interesante epílogo del poeta Manuel Francisco Reina, uno de sus mejores conocederes, que la vincula a la llamada “tradición andalusí”.
PUPILAS DE ESTRENO
Los niños interiores parece dividido en dos partes. La primera, la más extensa y la que da título a todo el libro, nos habla de la pervivencia de la infancia en el interior de aquellos que saben intuirla y percibirla de alguna manera, como ocurre con los verdaderos poetas, que en el fondo nunca la pierden; de hecho, el auténtico creador se alimenta, hasta el final, de esa mirada inocente (“ya atónitos miramos a las cosas / con pupilas de estreno”) y de esa voz interior. Por eso, la poeta se lamenta del “fracaso escolar” de una vida que, en un principio, estaba llena de posobilidades. “Tu nombre no figura en la lista de accesos / al porvenir. Tú nunca lo tuviste. / Ya te vas, y no estás ni siquiera empezada”. O se dirige a Dios para preguntarle por la inocencia maltratada. Asimismo, está muy presente la insaciable búsqueda de la divinidad y de la sabiduría mística, que para la autora es algo “que va más allá del conocimineto, de la trascendencia, incluso”. Por lo demás, esa búsqueda de lo eterno no está reñida, en su caso, con su apego a lo cotidiano y al momento presente (“Mi vocación de eterno está, como en el niño, en mi gran amor a lo presente”, leemos en la cita de Juan Ramón Jiménez, que encabeza el libro) ni, desde luego, exige la renuncia al cuerpo o a los placeres que éste nos procura: “El cuerpo, este preludio de lo eterno, / lo siento y toco y miro y me pregunto / si no son demasiadas esas atribuciones / que le otorgamos siendo poca cosa. / Y sin embargo, es a través del cuerpo / con que te reconozco y te comprendo. / El tacto te vocea y te proclama. / En el plaer de la gloria y en el suave / contacto la armonía”.
PAN CON CHOCOLATE
La segunda sección se titula “Externidades” (de nuevo Juan Ramón Jiménez nos da la clave: “¡Qué de iluminaciones de lo exterior!”) y se centra, sobre todo, en la memoria histórica y en la temporalidad. Se inicia con un poema sobre la infancia en la inmediata poguerra, “Todos jugaban a estar muertos”, realmente conmovedor: “Cuando íbamos allí, donde estuvo la guerra / que ya había pasado y no estaba delante / pero sí su vestigio y esqueleto / y un socavón enorme donde había / estallado una bomba y me dijeron / que allí murieron muchos, / se me clavó en la boca el pan con chocolate”. No menos impresionante es “Alambradas”, un poema extenso dividido en varias partes donde la autora nos muestra su preocupación por el sufrimiento y la tragedia humana en muy diversas circunstancias. “La mirada del hijo” y “Dulce oro viejo” abordan, con diferente tono y distinta perspectiva, el inexorable paso del tiempo. Por último, el libro se cierra con un hermoso poema en prosa, “El día de mañana”, donde el tiempo convencional, cuantitativo y utilitario, aparece abolido y sustituido por un tiempo vivo e interiorizado: “El mar ha sido siempre la gran analogía, la de Dios, y ahora el mar nos ocupa y nos instala en sí y el cielo en él, y el universo en su centro, y el mundo en sus adentros, pero es por obra de la vida, solo la vida queda, la que no es del hoy ni del mañana ni del ayer”. Estamos, pues, ante una poesía sabia y profunda y, al mismo tiempo, apasionada y luminosa; una poesía, en fin, que nace de una voz interior y, a la vez, está muy atenta a lo exterior. No en vano estos poemas son también “preludios de lo eterno”..»


Occidente, Juan Carlos Gea (Trea, Gijón, 2008)
«Occidente, Juan Carlos Gea»
Alba González para La tormenta de un vaso
«Hay libros que invitan al desconcierto. Occidente de Juan Carlos Gea (Albacete, 1964) es uno de ellos. Pero si como decía Stendhal hablar de política en una novela es como un pistoletazo en medio de un concierto, no es menos de agradecer que este poeta afincado en Gijón revuelva las faldas y chaqués de los lectores con semejante cañonazo épico. No es nuevo en su producción el abordar textos de recorrido largo, recuperaciones, no por prosaicas menos líricas, de los pulsos de la epopeya: su anterior libro, El temblor (publicado en 2005 en la misma casa) poetizaba sobre el terremoto que sacudió Lisboa un Sábado de Santos de 1755.»
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Poesía reunida, William Faulkner (Bartleby, Madrid, 2008)
«William Faulkner. Poesía reunida»
Antonio Colinas para El cultural
«En alguna ocasión he señalado de qué manera la poesía permeabiliza el resto de las obras en aquellos autores que escriben en más de un género literario. Así, y por más poderosa, que sea su obra de narrador, la poesía es el nutriente primordial de la obra de William Faulkner (New Albany 1897-Oxford, USA, 1962). Han pasado ya muchos años desde nuestra primera lectura de algunas de sus novelas y lo que perdura de ellas es esa riqueza y ese impulso creativos que mucho tienen que ver con la poesía; una originalidad que es también la que revela un previo lenguaje poético. Se comprende por ello la importancia que posee el volumen que recoge la totalidad de su poesía, los cuatro libros que escribió: El fauno de mármol, Una rama verde, y los póstumos Poemas de Misisipi y Helen: un cortejo.»
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Retrato de los meidosems, Henri Michaux (Valencia, Pre-Textos, 2008)
«Retrato de los meidosems, de Henri Michaux» Alberto Hernando para Letras libres
«Pese a ser un autor minoritario, la obra completa de Henri Michaux (1899, Namur, Bélgica- 1984, París) se ha recogido desde 1998 en la Bibliothèque de la Pléiade de Éditions Gallimard. Durante toda su vida, especialmente cuando ya tenía una cierta reputación como escritor, Michaux evitó la presunción y el exhibicionismo mundano. Su discreción era proverbial. Prueba de ello es la escasez de fotografías suyas o que las entrevistas que concedió se cuentan con los dedos de una mano. Discreción que, asimismo, se proyectaba en sus escritos y pinturas donde las emociones –dolor, angustia, soledad, desesperanza, hastío– están sofocadas o disimuladas.»
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Tiempo y materiales, Robert Hass (Bartleby, Madrid, 2008)
«Tiempo y materiales¸ de Robert Hass»
Javier Moreno para Deriva
«De nuevo la editorial Bartleby apuesta por una absoluta novedad en lo que respecta a la poesía norteamericana traducida a nuestra lengua. El mismo año en el que Robert Hass ha sido galardonado con el prestigioso premio Pulitzer, aparece la traducción del libro que mereció dicho galardón: Tiempo y materiales (Time and materials). De la biografía de este poeta podrían mencionarse cosas como que, más joven que ellos, todavía llegó a tiempo de codearse con algunas de las estrellas beats como Ginsberg o Gary Snyder. Sin embargo, y por lo que puede apreciarse en este libro, la influencia beat es sólo una de las muchas a las que se acoge la poesía de Hass. Puede rastrearse en sus poemas, al menos, la herencia simultaneísta llevada a la poesía por sus compatriotas Eliot y Pound, junto al aliento narrativo de Auden, añadido esto al interés por los objetos que se aprecia en esas “deslecturas” de Ponge que son los poemas La dificultad de describir un color y La dificultad de describir los árboles. Abundan las metáforas del mundo de la naturaleza (como ocurre, por ejemplo, en el maravilloso poema dedicado a Czeslaw Milosz, Para Czeslav Milosz en Cracovia), pero también la cultura y la ciencia se convierten en materiales para el ejercicio de la metáfora. De hecho, Hass llegó a crear un departamento en la universidad de Berkeley dedicado a analizar las relaciones entre poesía y ciencia. Nada parece escapar al ímpetu globalizador de Hass (ciencia, historia, crítica social, ecología...), de manera que, tras la lectura de este libro, nos queda la impresión de haber asistido a un auténtico ejercicio de fagotización poética de prácticamente casi todos los lenguajes.»
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